El ingenio que no sale en las revistas: arquitectura de banquetaLas ciudades no solo se construyen con planos de arquitectos famosos ni presupuestos millonarios. Existe otra urbe que se levanta todos los días a punta de pura necesidad y maña. Es la arquitectura de banqueta, esa que no busca verse bonita en una fotografía de diseño, sino resolver un problema real y urgente en el asfalto. Hablamos de soluciones improvisadas que se vuelven parte del paisaje diario y que todos reconocemos a la primera mirada.
El ejemplo más claro está en lo alto de las bardas de nuestras colonias. Antes de gastar en alarmas o cercas eléctricas carísimas, la sabiduría popular encontró la respuesta en el reciclaje forzado: cemento fresco y botellas de vidrio rotas con las puntas apuntando al cielo. Es un sistema de seguridad casero, barato y sumamente hostil que avisa a cualquiera que intente saltar que ahí no es bienvenido. Lo mismo pasa en el suelo con los famosos botes o llantas llenos de concreto y un tubo clavado en el centro. No hay permiso del gobierno ni planos de ingeniería, pero bastan esos dos elementos para que un ciudadano se apropie de un pedazo de calle y aparte su lugar de estacionamiento frente a los vecinos.
Estas estructuras demuestran que el ingenio de la calle siempre va un paso adelante de la planeación oficial. Son respuestas rápidas a la falta de seguridad y a la pelea diaria por el espacio público, lo mismo pasa con las estructuras improvisadas de lámina que se ocupan en los negocios en la calle. Nos da una gran lección sobre cómo las personas moldeamos el entorno para sobrevivir en él, usando lo que tenemos a la mano. La próxima vez que camines por tu cuadra y veas una barda con vidrios o un bote apartando lugar o algún puestecillo de lámina, no pienses que es solo descuido. Estás viendo diseño urbano en su estado más puro, directo y funcional.
*— S.P. Filósofa Urbana*
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